La muerte del diseño
jul 30
diseño diseño, Gui Bonsiepe No Comments
Hace poco me reencontré con un libro de Gui Bonsiepe, maestro de la Hochschule für Gestaltung (HfG) en Ulm, Alemania: “Del objeto a la interface”, el cual habla de las mutaciones del diseño, las 7 columnas del diseño y de cómo se lleva el diseño en países periféricos. Al retomar el tema de la definición de diseño para él: la interface como el pilar, un espacio donde los signos, los objetos y las acciones convergen y se confrontan con el usuario; me pregunté cuántos diseñadores confrontan su producto después de crearlo, cuántos estamos dispuestos a asumir el diseño como algo omnipresente, que nos da una responsabilidad social al estar movilizando cultura constantemente, y no simplemente tomarlo como algo banal para “adornar cosas”. Algunos dicen que Bonsiepe es un gurú del diseño. Aunque él rechaza esta definición, para nosotros los mortales, efectivamente lo es. No suele utilizar la palabra teoría o teórico a la ligera; para él el diseño es un discurso que se va construyendo, dado que nuestra disciplina es relativamente joven y que surgió después de la segunda guerra mundial, aunque ya antes se pensaba en diseño. Desde 1968 ha trabajado por el diseño y, más importante, por la teoría del diseño. Algunos dirán que el viejo y sus teorías ya están obsoletas, pero les pregunto si acaso cuando vemos filosofía dejamos de lado a los pensadores clásicos o si cuando vemos técnicas de ilustración dejamos de lado el dibujo a lápiz o la serigrafía. En realidad, él sigue trabajando por el diseño, como lo pueden ver en su blog, y muchos de sus discursos son plenamente aplicables a los nuevos medios, ya que él se viene preocupando –como nosotros deberíamos hacerlo siempre– por la interface y la relación del objeto con el usuario.
Y es que en la actualidad hemos dejado de lado la teoría y nos hemos dedicado a hacer por hacer. El marketing nos comió y nos hemos dejado embelesar por sus mieles, en donde la idea es bombardear al cliente con mensajes vanos y fáciles de digerir para que nadie tenga que pensar; el posicionamiento de marca atropelló al mensaje y a la interface, ahora el mensaje debe ser adornado a toda costa y la interface no importa porque igual tenemos medios masivos que pueden bombardear hasta quedar en la psique; el ruido del nombre cubrió al usuario y ya no lo quiere dejar pensar. Muestra de ello es que en estos últimos días crece la demanda de personas de cualquier profesión que sepan utilizar ciertos programas, para que generen objetos de diseño y así llenar el mercado sin importar si el mensaje es efectivo o si en realidad el usuario lo acoge o no. El mes pasado dicté unas clases de Photoshop e Ilustrator a profesionales periodistas, comunicadores sociales, administradores y una que otra secretaria. Al preguntarles por qué querían saber algo de esto (porque soy más mal profe), el común denominador fue que en todas las ofertas de trabajo les pedían manejar “programas de diseño”, incluso en una oferta para un administrador prácticamente pedían un diseñador web. ¿Entonces para qué estudiamos diseño, si las empresas contratan a la ligera? Claro está que no todos los profesionales caemos en esta trampa y que tampoco todas las empresas piensan que la cantidad reemplaza la calidad o que un diseñador es quien sabe manejar un programa.
Nuestro quehacer debe preocuparse por crear objetos de diseño que generen un puente entre la empresa, institución, persona o cualquier otro que quiera comunicar y el usuario final. El diseño no es un recurso banal para hacer bonitas las cosas, sino que exige un rigor conceptual; el diseño se piensa y el diseñador debe preocuparse por el lenguaje contextual en el que se desenvuelve el mensaje, por lo que se empapa de las demás profesiones para generar un objeto de diseño efectivo. Antes era de los que creía que diseñador podía ser cualquiera, porque antes el diseño de autor era el culmen de nuestra carrera, pero hoy en día tengo mis dudas acerca de eso. ¿Qué sacamos con tener una silla hermosa, si no es ergonómica o funcional? ¿O un texto que es ilegible, pero bello? (a menos que esa sea la intención de la campaña) En general debemos transmitir algo al usuario y eso nos diferencia del arte, nuestro mensaje no es algo subjetivo y personal, sino que tiene un fin y un objetivo.
“Yo creo que hoy la gente piensa que el diseño es una carrera fácil, de mucho baile y mucha entretención. Me temo que una generación de estudiantes va a sufrir un despertar muy doloroso, porque el diseño requiere un know how duro, profesional. Hay que saber de precios, de materiales, conocer las otras profesiones que intervienen en él, no es una cosa de estética y sensaciones. Por eso estoy en contra del diseño de autor, de la automarca tipo Phillippe Starck. Ojalá los productos diseñados interfieran de la manera menos molesta en mi vida, no quiero productos sobre los que se siente que han sido ‘diseñados’”. (Tomado de Entrevista: Gui Bonsiepe, diseñador alemán, por: Macarena García G).
En la medida que se siga viendo al diseño como algo banal, que los estudiantes piensen que el diseño es una carrera fácil y que algunos diseñadores regalen y menosprecien su trabajo; el diseño está destinado a la muerte. Yo no estoy en contra del diseño de autor, pero éste debe ser bien encaminado. Y es que si nosotros tomamos conciencia de lo trascendental de nuestro trabajo y enseñamos a nuestra competencia, clientes y futuros diseñadores una ética profesional del diseño, podremos tener un ambiente natural de trabajo, en el cual el diseñador permita una comunicación natural y efectiva, en el cual la conceptualización tenga una base fuerte para llegar a quien queramos llegar, en el cual se nos permita movilizar cultura al crear nuevas realidades con todos los elementos que se nos abren ante nuestros ojos (signos, símbolos, colores, formas, texturas, sonidos y demás).
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